Animales como terapeutas
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Antecedentes

Desde que los primeros animales convivieron con el hombre, han tenido efectos significativos sobre nuestro bienestar. Esto es válido desde hace siglos, en especial en el caso del perro. Para nuestros antepasados sus acompañantes de cuatro patas eran especialmente un valioso medio auxiliar para la caza, la protección o para la alimentación. Pero seguramente, esto no lo era todo. Como ventana  hacia el pasado, la observación de los pueblos primitivos actuales revela de forma impresionante una relación entre el animal y el hombre que supera ampliamente una mera ”unión de conveniencia”. El perro es para el hombre primitivo un amigo que juega con él y lo consuela, además de transmitirle una sensación de tranquilidad y seguridad por su sola presencia. Así actúa como compañero en el sentido literal de la palabra.

La proximidad inmediata a la naturaleza y los animales ha marcado desde siempre de forma integral y duradera aquello que el hombre necesita hasta los tiempos actuales para su bienestar. Ni siquiera el vertiginoso progreso técnico que se ha registrado en los últimos 200 años ha cambiado las condiciones básicas para este bienestar. También en la actualidad los dueños de perros hablan de sensaciones positivas elementales que experimentan en la convivencia con sus animales.

Aproximadamente a mediados del siglo XX se empezó a averiguar más sobre la relación entre el animal y el hombre mediante ensayos sistemáticos. En este contexto se examinaron las repercusiones del contacto con el animal tanto sobre las funciones físicas como sobre el alma humana.

Los retos que plantea un entorno complejo con relaciones igual de complejas y la frecuente sensación de falta de tiempo provocan en muchos casos el agobio, estrés y también miedo. Se ha podido demostrar que la sola presencia o el hecho de acariciar a un perro reducen el miedo y el estrés en numerosas personas. Múltiples estudios indican que en muchos de los participantes en los experimentos el contacto regular con los perros consigue reducir sensaciones como la soledad, el aislamiento, la depresión o el aburrimiento. Conforme a estudios recientes, los dueños de perros describen su estado de salud y su satisfacción general con la vida generalmente más positivamente que una persona sin animal.

Desde hace varios años se está investigando en Alemania de forma más detallada cómo el contacto con perros puede ayudar a las personas que viven en residencias de cuidados sanitarios o en hogares infantiles en la superación de su situación especial. Se puso de manifiesto que la visita periódica de perros anima claramente el ambiente en la mayoría dichas instituciones.

Especialmente los niños conectan de forma natural e inmediata con los animales. Apenas nos podemos imaginar la habitación de un niño en la que no haya por lo menos animales de peluche, y también en mi sección casi no existe ninguna cama en habitaciones para niños con fotos o posters de animales. Además de gatos y caballos, se ven sobre todo fotos de perros. No es raro que el contacto con un niño asustado que se encuentra en una situación completamente desconocida se consiga sólo hablando con él sobre sus mascotas y contemplando conjuntamente con él las fotos de animales expuestas en la consulta del médico.

Ya se ha descrito la relación entre un perro tranquilo y la importante sensación de “no hay peligro inminente“. Además, la oportunidad de tocar y también de ser tocado es una condición elemental para el bienestar humano. La convivencia con un perro ofrece múltiples posibilidades para dicho contacto físico positivo. Entretanto ya no es sólo la percepción subjetiva de numerosas personas, sino que se ha demostrado científicamente que los animales tienen un efecto beneficioso sobre los procesos de recuperación, trastornos psíquicos y traumas, así como la motivación y la activación de la voluntad de vivir.

Animal Assisted Therapy

es el término original inglés que hace referencia a una terapia asistida por animales. La gama de posibilidades de aplicación es amplia. Va desde el acompañamiento paliativo hasta la ergoterapia, pasando por el fomento de la voluntad de vivir. Los animales se convierten en parte del concepto terapéutico y, muchas veces, en coterapeutas.

La terapia asistida por animales es un método de terapia con el que se intenta facilitar a las personas la integración en la sociedad y a establecer contactos sociales a través del contacto con animales. La base de esta terapia consiste en crear posibilidades de interacción entre el animal y la persona, siendo de capital importancia el respeto, el apoyo y el acompañamiento entre el animal y la persona.

En las terapias asistidas por animales, los animales se utilizan como una modalidad de tratamiento. Se llevan a cabo actividades asistidas por animales para alcanzar objetivos de educación, motivación y/o de relajación.

Varias universidades, hospitales, residencias de ancianos, hogares infantiles e instituciones similares, así como terapeutas aprovechan ya este efecto en beneficio de sus pacientes.

Los animales son capaces de consolar y ayudar en situaciones de crisis, son amigos, apoyan y escuchan sin pedir ninguna justificación o explicación en fases de la vida en las que la persona no está dispuesta o no se siente incapaz de comunicar de forma “convencional”.

Los perros no son una panacea, pero para muchas personas son un factor principal para el bienestar físico y psíquico y, por tanto, bálsamo para el cuerpo, la mente y el corazón.

Campos en los que se pueden utilizar perros de terapia

El trabajo con niños y jóvenes

Los niños y los jóvenes que sufren de graves trastornos psíquicos como resultado de experiencias durante su infancia, y de los que algunos incluso han pasado varios años en centros de psiquiatría, apenas son accesibles, o no lo son con los medios pedagógicos o también terapéuticos convencionales. Sin embargo, los estudios más recientes demuestran que incluso pacientes con una grave incapacidad de interrelacionarse o resistentes a terapias vuelven a abrirse y establecen relaciones cuando se incluyen animales en el tratamiento.

Los perros de terapia reducen el miedo a lo desconocido en el primer contacto. Saludan de forma espontánea a las personas y transmiten reconocimiento y afecto por su alegre forma de ser. A muchas personas les resulta más fácil hablar de sus preocupaciones y problemas mientras acarician y tocan el animal.

El perro no amenaza, exige poco y acepta a la persona que está con ellos tal como es. Generalmente las personas que buscan primero el contacto con el animal son aquellas que sufren de problemas de contacto y de relación social. En el comportamiento de numerosas personas frente a su entorno llama la atención que sufren por la falta de aceptación en el grupo, ya que con frecuencia tienen problemas para integrarse socialmente. En el trato con animales estas personas aprenden lo diferentes y especiales que son los seres vivos y desarrollan paulatinamente un mayor respeto frente a lo vivo.

El perro tiene un efecto positivo sobre el comportamiento psíquico de los pacientes. Se crea un ambiente que tranquiliza y relaja y que tiene repercusiones positivas sobre su estado de ánimo. Al mismo tiempo se modifica el campo de acción físico del paciente. La forma de ser tranquila y relajante de los animales de terapia se transmite a las personas.

El contacto físico con los animales suelta tensiones, la ternura abre el camino hacia la sensibilidad psíquica. El paciente debe ganarse el cariño del animal, y la experiencia de haberlo logrado es tanto más fuerte. Los animales despiertan el sentido de la responsabilidad frente a seres más débiles. Los animales transmiten la sensación de tener éxito (de la capacidad, el hecho de ser enviado). El animal es paciente y enseña a ser paciente. No emite señales de rechazo.

En los pacientes con enfermedades básicas neurológicas o déficits neurológicos (esclerosis múltiple, estado después de ataques de apoplejía, enfermedad de Parkinson) y una restricción cognitiva leve se han podido observar los resultados más notables. Estos pacientes muestran una gran alegría, disposición a conversar y se pueden motivar a realizar actividades motrices concretas en un ambiente relajado.

En los pacientes con trastornos cognitivos graves (enfermedades demenciales de diferente índole) suelen ser más importantes las reacciones emocionales positivas (aunque sean de poca duración), y el intento de realizar actividades motrices concretas (por ejemplo, darle de comer al perro).

Existen ejemplos en Alemania que demuestran que grupos de escolares, que eran ruidosos,  inquietos y no homogéneos, se han vuelto mucho más tranquilos gracias al uso de perros, que estaban también presentes durante la clase y de cuyo cuidado se encargaba todo el grupo conjuntamente. A través de una enseñanza e instrucciones sistemáticas los niños han aprendido que también puede dar alegría tener consideración con otro ser vivo y el hacerse responsable de éste. Se consigue un fomento integrado de los niños mediante el trato y los juegos con los animales. Aprenden lo que en el vocabulario moderno se conoce hoy día por ”competencia social”.

Numerosos niños son desequilibrados, hiperactivos y muchas veces agresivos en su trato con sus niños de su edad. Su curiosidad natural se limita frecuentemente al programa televisivo actual o el juego informático más nuevo: aumenta su soledad y el aburrimiento.

Un animal puede contrarrestar este proceso: Se debe llevar de paseo, quiere jugar y necesita atención. De esta forma los niños aprenden muy pronto a asumir la responsabilidad por otro ser vivo y al mismo tiempo se les transmite la sensación de que se les necesita. Pero el trato correcto con un animal también debe ser aprendido. Y así este compañero motiva a comprender y a descubrir. Las aptitudes propias se realizan jugando con el perro y crean simultáneamente espacio para la creatividad y la fantasía.

El perro le da a entender al niño que se le necesita. En consecuencia, el niño adapta un papel de educador y su autoestima aumenta.

Los estudios ponen de manifiesto que los niños que crecen con animales son menos agresivos, psíquicamente más equilibrados, más alegres y más sensibles. Un perro puede contribuir a la salud física y psíquica de un niño y satisfacer al mismo tiempo sus necesidades individuales y sociales.

Lamentablemente, cada vez menos niños tienen la posibilidad de crecer con un animal. Especialmente en las ciudades para muchas familias es difícil tener un animal doméstico en casa. Independientemente de que sea un perro, un gato o un cobayo: todos necesitan suficiente espacio y la atención necesaria. Sobre todo necesitan tiempo y esto es lo que falta muchas veces. El ”perro escolar” ofrece la posibilidad de compensar esta carencia.

Para escuelas con grupos especiales de niños con discapacidades psíquicas y físicas y también grupos con niños ciegos o sordos pueden ofrecerse ejercicios sistemáticos para entrenar la movilidad y la memoria así como la concentración.

Cada visita es causa de alegría para todos. En el trato y el juego con el perro los niños pueden mejorar p. ej. su motricidad gruesa y fina, ya que se involucran y se estimulan en gran medida sus sentidos (oído, vista, tacto y olfato) . En términos generales, las visitas de los perros pretenden fomentar la salud mental y física de los niños.

Residencias de ancianos

En muy pocas residencias de ancianos está permitido llevarse animales domésticos. Las personas se sientan solas y muchas veces se aíslan. Pierden sus ganas de vivir y tienen la sensación de no ser queridos y de ser inútiles.

La visita de un perro, que no exige nada, sino que sólo transmite la sensación de amistad y de calor ayuda frecuentemente a las personas solas a dar el primer paso para volver a establecer contactos sociales.

Cárceles

En los Estados Unidades, los perros de terapia se utilizan también en las cárceles para sensibilizar a los internos y a contribuir a su reinserción social, de forma parecida que en el caso de los niños con problemas conductuales. Los experimentos llevados a cabo con los internos, que se hicieron cargo del cuidado de los animales en lugar de integrarse en actividades manuales monótonas, tuvieron resultados tan prometedores que ya se mantienen animales en varios centros penitenciarios.

Hospicios

En las instituciones en las que las personas están esperando a la muerte, precisamente los perros pueden amenizar el ambiente generalmente cargado de depresiones. Las personas pueden tratar con los animales de forma libre y sin obligaciones. En tiempos de profunda desesperación el perro está simplemente allí, se puede abrazar y no pide explicaciones. Es posible confiar al animal todos los miedos sin el temor de provocar tristeza o situaciones embarazosas.

Hospitales

Los enfermos tienen elevadas necesidades en cuanto a calor humano y ternura. Al mismo tiempo la enfermedad pesa sobre su relación con los demás. Pueden surgir barreras físicas y psíquicas. En muchos casos los animales son la solución idónea para satisfacer las necesidades de cariño. Y suelen hacerlo con gusto, sin marcar diferencias. La enfermedad, la edad, el sexo, el color de la piel: todo esto no les interesa a los animales. Además, el animal no tiene miedo al hospital y tiene un efecto tranquilizador sobre los enfermos.

Acompañante en sesiones terapéuticas

A mediados de los años 50, el psicólogo americano Boris Levinson descubrió más bien por casualidad que el perro puede funcionar como un puente entre el paciente y el médico. En una sesión con un niño con un grave trastorno conductual estaba presente también el perro de Levinson, llamado Jingles, que cambió el comportamiento del pequeño y ayudó considerablemente a conectar con él. En los últimos años, cada vez más terapeutas han aprovechado este efecto positivo. Los niños hiperactivos se vuelven más tranquilos y aprenden a seguir las reglas. Los pacientes miedosos se vuelven más valientes y su autoestima aumenta cuando ven que un perro obedece a sus órdenes. Y niños que padecen trastornos de concentración trabajan durante un periodo de tiempo prolongado de forma concentrada y atenta con el animal. No se conoce exactamente el número de terapeutas que trabajan con animales, pero Petra-Kristin Petermann calcula que es relativamente elevado.

Los terapeutas suelen registrar un éxito especial en el tratamiento de pacientes autistas. Después de haber estado con un animal, estas personas volvieron a admitir primeros contactos físicos. Sin embargo, los animales no son ninguna panacea. Si el paciente no puede establecer un vínculo con el animal, éste tampoco puede influir positivamente en la terapia.

Objetivos de la terapia asistida por animales

Objetivos relacionados con la motivación

Establecer relaciones
Crear confianza
Asumir responsabilidad

Objetivos relacionados con la relajación

Soltar tensiones
Ganar afecto
Reconocimiento
Ejercer la paciencia
Reducir depresiones
Reducir miedos

Objetivos relacionados con la educación

Mejorar la comunicación
Trabajar en equipo
Consideración mutua
Fomentar la autonomía

El galgo español como perro de terapia ideal

Puesto que únicamente razas de perros que tengan un carácter equilibrado y pacífico sirven de perros de terapia, el galgo español con su increíble tranquilidad y su falta total de agresiones salta a la vista.

El galgo español es un perro ecuánime que transmite tranquilidad, que nunca parece una amenaza a pesar de su tamaño. Al ser un perro delgado y fino, a nadie se le ocurre en algún momento que pueda ser peligroso. Debido a ello, el galgo español puede llegar a despertar el instinto de protección en las personas. Incluso personas que normalmente tienen miedo a los perros, se abren muy rápidamente al galgo español.

Es poco ladrador y así esta raza prácticamente no emite ladridos que puedan infundir miedo. Sus ojos almendrados siempre le otorgan un aspecto amable y con su típica ”sonrisa” no parece una amenaza ni siquiera cuando se ven sus dientes.

El galgo español tiene una forma muy ”silenciosa” y agradable de ganarse a las personas. No resulta pesado y no salta para saludar. Así la persona puede ser el primero en tomar la iniciativa en cada momento.

Casi no existe ninguna raza de perros tan tranquila como el galgo español y en América su pariente inglés, el lebrel inglés o greyhound, se utiliza como perro de terapia desde hace mucho tiempo.